Este website utiliza cookies que facilitam a navegação, o registo e a recolha de dados estatísticos.
A informação armazenada nos cookies é utilizada exclusivamente pelo nosso website. Ao navegar com os cookies ativos consente a sua utilização.

Diretor Fundador: João Ruivo Diretor: João Carrega Ano: XXV

Opinião CHIRINGUITOS UNIVERSITARIOS Y EL MINISTRO SUBIRATS

La Real Academia Española de la lengua todavía no tiene incorporado al diccionario, ni definido, el concepto que ahora vamos a manejar, “chiringuito”, que sin embargo está plenamente integrado en el lenguaje usual de la calle.
Un “chiringuito” en su origen es un establecimiento de bebidas y/comidas que nace al lado de una playa, y que solo funcionaba durante la temporada de vacaciones de verano, y luego cerraba durante varios meses porque entonces no había clientela. Sus instalaciones eran, y son , casi siempre muy precarias, pensadas para la temporada, y sus productos hosteleros también suelen ser de menor calidad en el servicio, aunque no siempre más baratos, por aquello de la ubicación en primera fila de playa. Es un fenómeno social y económico muy generalizado (de dinero fácil y rápido, poco controlado) y que desempeña su función en el contexto del denominado turismo de masas, cuando no específicamente de playa.
De manera figurativa más tarde se ha ido aplicando, en el lenguaje usual popular y coloquial, el término y concepto “chiringuito” a un espacio o actividad en la vida pública que significa velar y proteger con excesivo celo todo lo que sucede en su interior, que se resiste al control externo, que se distingue por una afirmación rotunda de la propiedad del inmueble o del proyecto que se desarrolla, evitando que nadie ajeno logre saber en realidad qué es lo que sucede en su interior, a sabiendas de que lo que sucede o contiene en su intimidad o lado oscuro, o lo que se ofrece al cliente, no siempre es transparente y de calidad. La gestión suele ser opaca para el que llega de fuera, y la calidad final brilla por su ausencia, porque de lo que se trata es de privilegiar o enriquecer al propietario (s) particular(es), procurando evitar siempre mecanismos y procesos de control público y privado.
Bien, pues esta acepción de “chiringuito” también se viene aplicando a muchas recientes universidades privadas que se han creado de manera acelerada e impetuosa en el mundo
desde concepciones decididamente mercantiles (a veces también con componentes de fuerte ideología religiosa o política). Es un movimiento universitario universal que procede del funcionalismo y pragmatismo de los USA posteriores a 1945, del neocapitalismo mercantil aplicado a la universidad, y que a su imagen se expande con fluidez por todas partes, desde Singapur a Colombia, desde Brasil a Portugal, desde Corea del Sur a ciertos países africanos.
En España este proceso de creación rápida de universidades privadas de modelo empresarial y/o confesional es algo más tardío, si lo comparamos con otros países del contexto internacional. Es cierto que el peso que en Europa, y en concreto en España, ha tenido y mantiene la universidad pública es muy superior al de la privada, en comparación, al de otras regiones mundiales. Hasta 1995 existían en España solamente cuatro universidades privadas confesionales (Deusto y Comillas de los Jesuitas, Pontificia de Salamanca y Navarra del Opus Dei). Pero a partir de esa fecha se liberaliza la implantación de nuevas universidades, que van a requerir condiciones suficientemente laxas para ser consideradas como instituciones universitarias.
Hoy en España existen 50 universidades públicas y 33 privadas (de ellas varias no presenciales), de tal manera que estamos asistiendo a un fenómeno socio universitario y económico sin precedentes en la historia contemporánea española.
No se trata de contraponer una historia de buenos y malos, de universidades públicas como buenas y todas las universidades privadas como deficientes. Es cierto que alguna de estas universidades privadas son reconocidas en ciertos campos de la ingeniería, las ciencias sociales o la medicina. De la misma forma que aceptamos que no todas las universidades públicas pasan el filtro de la calidad en todas sus especialidades y carreras o producción investigadora.
Lo cierto es que estamos alcanzando un grado de sobreabundancia numérica universitaria que no se compadece con la necesaria calidad de su oferta formativa, investigadora y de proyección sobre el entorno social o productivo próximo, y menos aún de trascendencia académica y científica universal. Tal vez estemos llegando a un nivel de elevada degradación universitaria, que no solo es puntual, y que sea preciso corregir. No toda iniciativa particular de educación superior es necesariamente aceptable desde el punto de vista académico.
Este panorama ha sido advertido por muchos sectores de la sociedad española, y de los responsables políticos que no comparten estas posiciones liberalizadoras al extremo y que propician políticas de corte conservador. De ahí que sea razonable, y para nosotros plausible, la posición que ha adelantado la reforma universitaria en ciernes que ha anunciado el Ministro de Universidades en España, señor Subirats, al menos en lo que se refiere a este tema que venimos comentando.
Desconocemos todavía el contenido concreto de la reforma universitaria aludida, pero se han filtrado en la prensa comentarios y anuncios que se refieren al ejercicio de un mayor control en las condiciones exigidas para que cualquier iniciativa de crear nueva universidad deba superar un conjunto de filtros y condiciones imprescindibles para que el reconocimiento académico y la acreditación de sus productos científicos, ya sean diplomas, títulos profesionales o resultados de investigación, requiera un mínimo de garantías académicas.
De esta manera los filtros que vayan a establecerse, si se superan, se erigirán en la condición del ser de la nueva universidad. Serán, por ejemplo, número mínimo de carreras de diferentes ámbitos del saber y la ciencia que conformen la oferta, titulación doctoral de la plantilla académica, acreditación adecuada de sus profesores, garantía financiera de funcionamiento del establecimiento, instalaciones mínimas indispensables, adecuada red de servicios digitales, entre otros.
Si para el establecimiento de una universidad pública se requieren garantías, para un funcionamiento de mínimos, es igualmente necesario corregir esa política ultra permisiva de políticas liberalizadoras y mercantiles que han facilitado la conversión de varias de estas universidades privadas en auténticos “chiringuitos”, espacios de difícil transparencia académica, cualidad siempre exigible a una universidad, ya sea antigua o de reciente creación.

José María Hernández Díaz
Universidad de Salamanca
jmhd@usal.es