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Atualidade Francisco de Vitoria interpela a la universidad

24-02-2026

Francisco de Vitoria (1483-1546) fue un prestigioso y admirado catedrático de la Universidad de Salamanca, teólogo, pensador, jurista excepcional, escritor, fraile dominico . El fue el principal referente de la universalmente reconocida Escuela de Salamanca del siglo XVI que modificó los sillares morales del mundo, y de forma muy especial la presencia colonizadora de los europeos en América, sobre todo España y Portugal, más tarde también de otras potencias europeas, cuando defendió que los indios también tenían derechos en su condición de personas. Es autoridad intelectual y moral reconocida con carácter universal. Muestra expresiva de ello es la posición emblemática de su figura en la Sala del Consejo de la sede de las Naciones Unidas en la ciudad de Ginebra, Suiza.
Francisco de Vitoria es hoy reconocido como el padre del derecho internacional moderno, defensor de los derechos de los indígenas del nuevo continente americano, renovador de la Escolástica en el plano filosófico, fundamentó el derecho de gentes y la actual declaración universal de los derechos humanos, argumentó que el poder de la monarquía tenía límites morales y religiosos, escribió con profundidad sobre las condiciones de la guerra justa, y sobre los intercambios mercantiles, y durante años resultó ser un catedrático ejemplar de la Universidad de Salamanca, admirado y muy querido por los estudiantes que le seguían en masa, embelesados con pasión, reconocimiento y orgullo.
En la ciudad de Salamanca Francisco de Vitoria se ha convertido en un inevitable motivo y lugar de memoria expandido por muchos espacios de relevancia histórica, social y urbanística diseminados por plazas y rincones emblemáticos. Así, F. Vitoria tiene dedicada una bella estatua frente a la fachada de la iglesia y el convento de San Esteban, donde residió la mayor parte de su vida, pero mirando hacia el lugar donde se ubica la Universidad de Salamanca. El respetado profesor da nombre a una de las calles del barrio histórico y universitario, próxima a las aulas donde enseñó a miles de estudiantes del siglo XVI ansiosos de saber. Uno de los medallones tallados en piedra de Villamayor, tan especiales, que adornan y enlazan los arcos de la Plaza Mayor es ocupado por la figura emblemática de Francisco Vitoria, para que pueda disfrutar del respeto y admiración de los miles de usuarios de este espacio público de proyección universal. Tiene también dedicada una de las aulas del Edificio de Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, lugar emblemático por excelencia para toda persona culta que en el mundo sea capaz de interpretar a los grandes hombres de la historia de la humanidad. O igualmente lleva su nombre uno de los principales centros públicos de educación infantil y primaria de la ciudad de Salamanca, ubicado en el corazón de la población.
En una bellísima y reciente exposición que semanas atrás ha organizado el prestigioso fotógrafo Vicente Sierra Puparelli queda constancia gráfica, firme y documentada, precisamente de la presencia de Francisco de Vitoria en la ciudad de Salamanca, porque no es un nombre cualquiera. Vitoria es máxima expresión de saber, ciencia y cultura universal que honra y dignifica a la ciudad y a la universidad, como muy pocas personalidades en el concierto internacional.
Aceptado todo lo que precede, podemos pasar a preguntarnos por la posible actualidad de su pensamiento en el contexto de nuestro siglo XXI, o si bien es un reducto anacrónico reivindicado interesadamente por un grupo de intelectuales apasionados de su figura, desde campos tan diversos como la teología, el derecho, la economía, la política.
Hace muy pocos días se ha celebrado en la Universidad de Salamanca un magno congreso dedicado a F. Vitoria en el que se han ofrecido conferencias y reflexiones desde los más diversos y totalizantes ámbito de los saberes y las ciencias sociales. Más allá de la parafernalia de este tipo de eventos, y del indudable uso sociopolítico que todas las tendencias hacen de la obra del pensador, es muy positivo recordar y tomar referencias de un catedrático de inexcusable condición de memoria universal.
Nos atrevemos a incursionar modestamente sobre Francisco Vitoria desde el ámbito de la educación, de la docencia y de la investigación universitaria, apostando desde la lectura de sus obras por suscitar preguntas y interpelaciones en torno a los problemas actuales que deben ser atendidos desde la universidad del siglo XXI.
Su ejemplaridad académica interpela a los profesores, por el rigor y profundidad de sus propuestas y lecciones. Su imagen de maestro volcado hacia el saber, los estudiantes, la universalidad de sus pensamientos y docencia es ejemplarizante en todas sus vertientes. El compromiso con el saber y la ciencia, la preparación de sus clases para impartir brillante docencia a los estudiantes en las aulas universitarias, la modestia de su imagen pública, derivada de su posición socrática ante la ciencia, forman un conjunto de elementos que confluyen en su personalidad y pensamiento, y le convierten además en un paradigma de profesor universitario de su tiempo, pero desde luego con enormes proyecciones hacia la universidad actual.
El trabajo serio y riguroso del día a día que llevaba a cabo F. de Vitoria en la cátedra interpela a sus estudiantes del siglo XVI, pero su trayectoria también ejerce influencia sobre los estudiantes universitarios de hoy. Sobre todo, para comprender la capacidad de liderazgo intelectual y moral que debe ejercer un profesor hacia sus estudiantes en la actualidad. Los buenos profesores suscitan interés, pasiones y preguntas intelectuales y morales sobre los diversos capítulos de la ciencia que explican o tratan de motivar. Y siempre, en primer lugar, cumpliendo con el deber de la presencia física en la cátedra, convencido como estaba Francisco de Vitoria de la importancia de la relación socrática que el buen profesor debe mantener con sus alumnos. La personalidad docente de nuestro homenajeado es un reto permanente para todos los actores de la universidad, de todas las del mundo, para optar por la generosidad que representa el saber y la ciencia, lejos del puro utilitarismo pragmático que hoy campea por aulas, pasillos, despachos universitarios.
La obra de nuestro insigne catedrático Vitoria es un elemento permanente de la cultura y la vida pública que interpela a los gobernantes y a los ciudadanos de a pie. Sus escritos, y el eco de su personalidad trascienden las aulas universitarias y se proyectan sobre las actuales condiciones de vida de todos los ciudadanos del mundo, gobernantes y gobernados. Sirven de acicate y llamada de atención permanente sobre el correcto respeto y cumplimiento de los derechos de la persona con carácter transnacional. Por eso Vitoria es universal.

José Maria Hernández Díaz
Universidad de Salamanca jmhd@usal.es
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